Padre. Una palabra demasiado grande. Adjetivo que le queda grande a muchos hombres y perfectamente describe a Dios.

Hoy celebramos el natalicio de un hombre ejemplar, que hizo precisamente lo necesario para ganarse el título de Padre de la Patria.
Juan Pablo Duarte y Díez no solo concibió en su mente la noción de una República libre e independiente convirtiéndose así, automáticamente, en el primer portador y beneficiario de su sueño, auto-proclamándose "Dominicano" y dotando con sus ideales a todos sus compatriotas y a las generaciones posteriores de una identidad que nos representa ante el mundo: Dominicanos.
El hombre sacrificó su vida, en todo el sentido de la palabra, para que podamos disfrutar de una Patria Independiente y libre, para ser lo que queramos con méritos propios.
De más está recordar la vida y obra del ilustre "Primer Dominicano", en muchos sitios se hablará de eso el día de hoy; basta con resumir que sacrificó una vida tranquila y relativamente cómoda por el sueño de una Nación.
A mi parecer, la mejor manera de conmemorar el natalicio de Duarte, es empezando trabajar para una Patria que deslumbre a las otras naciones, él nos regaló la oportunidad de ser un ejemplo a seguir.
Ya que, gracias a Dios, y a todos los dominicanos que ofrendaron su vida por nuestro país, tenemos la libertar, hagamos uso de ella, materialicemos el sueño de valientes hombres, Duarte a la cabeza.
Luchemos para mejorar nuestra Tierra en todos los sentidos, tenemos demasiado que ofrecer, hagamos que el mundo descubra que hay una Isla en el mismo trayecto del sol dónde vale la pena vivir. La gente buena es mayoría, solo falta que lo acepte y que lo ejerza.
Dios, Patria y Libertad.
—F.
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